martes, 1 de septiembre de 2020

Tocornalisla, rapto de Bajamares sujeto a ser increpado por el autor

 Hay una isla o, mejor, no hay una isla. La isla es todo lo que habita en la isla y, dentro de ella, hay varias islas y en esas islas no queda excluido el novelista (el novelisla, si se me permite). Antonio Tocoral es gaditano, parisino e isleño, además de muchas otras cosas. Escribo en un rapto, que me permite exorcizar sin pretenderlo. De qué está hecha mi lectura: De un protagonista, de un perro, de un colgante. En un principio fue un párpado. A momentos se abre para no mostrar más que la mirada de un muerto. El libro engancha. Parte de unas imágenes calculadas con una precisión lírica a la vez que matemática. Rezuma ambiente. Es un ambiente que no para de mostrarse. Avanza a la vez que la historia. También existe un perro. Quisiera ser isla, pero sólo es suciedad. La propia suciedad del protagonista es la suciedad del perro. La higiene es, en un principio, existente en la isla, si bien el deterioro del protagonista, que es todas las islas, pero, sobre todo, que no es una, y esa una es en la que se encuentra, somete la limpieza y la arrastra hacia la nada. A veces llega un embarcador con provisiones. Uno no tiene ganas de abrazarlo, y el protagonista menos. El perro quizá... pero el perro es nada. Aspira a ser un órgano perteneciente más a la indumentaria del protagonista que a su cuerpo. Los pasos están contados. No hay paso sin narrar. Las plantas crecen ufanas, como si algo pueda darse a crecer entre toda esa maleza. Uno espera, y la encuentra, una revelación entre muchas de ellas. Pero la mayor es el mar. Tocornal sólo ha ido cogiendo un grano de arena y examinado a través de su imaginación pero, lo que tiene mejor mérito, después la ha colocado en el mismo exacto lugar donde se encontraba (como si dijera: el dueño es el viento). A momentos el cielo se cae. Quizá sean las olas las que se lo nieguen. Quizá Tocornal ha escrito una maravilla más entre su cada vez más grande colección de maravillas. Cosas que vienen de un lugar a otro en lo que él gana un premio, o dos, o tres. Y vive, sí, en una isla. Con dos perros. No he mencionado la palabra faro. Soy consciente. Ojalá sirva esto como interés sobre él. Es el que da las órdenes.

El Bala

  Me llevaría unos doce años. Le llamaban el Bala y era politoxicómano. Los rumores llegaban hasta los parques donde de niños jugábamos al f...